MAGNESIO, EL MINERAL INTELIGENTE

 

Dra. Ana María Lajusticia

Lic. en Ciencias Químicas

ESPAÑA

El magnesio es un alimento mineral singular por su extraordinario papel en el cuerpo humano y en otros seres vivos.  Este mineral ha sido conocido mejor a mediados de los años setenta, y los estudios que lo refieren no han tenido suficiente difusión hasta los ochenta del pasado siglo XX.

 

El magnesio, cuyo peso atómico es de 24 (está considerado como un metal ligero), del que tenemos unos 24 gramos en nuestro cuerpo y del que necesitamos ingerir entre 500 – 600 miligramos diarios.   Hasta hace algún tiempo no teníamos un conocimiento claro de sus necesidades y de su papel en el organismo.  ¡Atención!, aún hoy, muchas personas no tienen la menor idea de la importancia de este elemento, y no me refiero a cualquiera, sino a especialistas en temas de salud y alimentación.

 

¿Por qué este desconocimiento tan generalizado sobre un elemento vital no solo para los humanos, sino para todos los seres vivos? Porque los métodos de análisis que disponíamos los químicos hasta hace algunos años eran inexactos y poco fiables, y porque la bioquímica y la biología molecular tienen muy pocos años de vida.  En los años cuarenta en la Universidad, estudiábamos Biología, por un lado y Química Orgánica, por otro, pero no Bioquímica.

 

Por otro lado, mientras los suelos de labor se abonaban con estiércol y guano, no se había generalizado la desaparición progresiva del magnesio en los terrenos agrícolas y, en consecuencia, en los alimentos del llamado mundo occidental.  Los expertos en USA, Francia y otros países, consideran que la dieta actual apenas nos suministra la mitad del magnesio del que se tomaba a principios del siglo pasado, debido en gran parte al abonado químico, al refinado de muchos alimentos y a que, por el temor a engordar, al azúcar o a los triglicéridos que contiene, hay muchos adultos que apenas ingieren chocolate, y como el cacao es el alimento más rico en este mineral, no se compensa la disminución en magnesio que ha sufrido la dieta occidental.

 

Y lo más grave, es que todavía existen personas consideradas “expertas” en nutrición que de esos hechos no solo no tienen ni idea, sino que en estudios recientes publicados sobre el tema, todavía andan contándonos el cuento de que “este metal es un componente de la clorofila, la sustancia que da color verde a las plantas”..., y por ello años atrás creíamos que para tomar magnesio bastaba con comer verduras fundamentalmente.

 

Error, gran error, ya que en contra de lo que creíamos hace veinte años, no son las hojas de los vegetales las partes más ricas en magnesio, sino las semillas, singularmente unas semillas exóticas, las del cacao.  Doy a continuación una lista de los que son considerados los alimentos más ricos en magnesio: cacao (420 mg. por 100g), las almendras (252), la harina de soya (223), los maníes, los frejoles blancos y otras legumbres, el chocolate amargo (150), el pan integral, los copos de avena (145), avellanas y nueces (140), las harinas integrales, etc. 

 

Pero las espinacas y el perejil, con 55 y 52 miligramos por 100 gramos de alimento, que son los vegetales que tienen más clorofila, ya no son ricos en magnesio y mucho menos las coles con 15 miligramos, la escarola cruda con 12, las judías verdes cocidas y la lechuga cruda con 10, etc.

 

Este elemento interviene en TODAS las reacciones químicas que suceden en el interior celular.  El magnesio interviene en la formación de neurotransmisores y neuromoduladores, en la repolarización de las neuronas, en el mantenimiento del potencial de acción a lo largo de los cilindroejes en el sistema nervioso, en la relajación muscular, incluido el funcionamiento del músculo cardiaco, en la síntesis de enzimas, de anticuerpos, de hormonas, reparación de tejidos, también en la réplica y reproducción del código genético o sea en la reduplicación del ADN para formar las células hijas y en la trascripción del mensajero en la síntesis de proteínas, en la reparación del ADN.  También interviene el complejísimo metabolismo del hígado.  Se puede decir que el magnesio interviene en TODAS las reacciones químicas que necesitan gasto de energía.

 

Teniendo en cuenta la enorme cantidad de funciones orgánicas en las que interviene este elemento, su deficiencia produce gran variedad de trastornos, problemas, e incluso enfermedades, pues en su carencia no se fabrican anticuerpos ni se reparan los tejidos en la medida correcta.

 

Pues bien, nada menos que en 1988 se publicó un libro de nutrición en el que se dice: “La deficiencia de magnesio es muy poco frecuente en la especie humana, en contra de lo que pueden hacer creer ciertas afirmaciones indocumentadas”.  Y más adelante: “Tampoco la hay para atribuir al magnesio las virtudes curativas que irresponsablemente se le han adjudicado”.

 

Ahora voy a transcribir lo que dicen los especialistas en el tema: el Dr. Henri Rubinstein en su obra Etes-vous Spasmophile, dice textualmente: “Se ha podido poner en evidencia una carencia de aporte de magnesio alimentario” y más adelante insiste: “La existencia de un déficit crónico de aporte de magnesio es la base de la teoría magnesiana de la espasmofilia”.

 

Este hecho está tan asumido por los médicos y muchos franceses, que las aguas como Vittel, Hepar, Cointrexeville y otras basan el apoyo de su bondad a su riqueza en magnesio.

 

En la revista Magnesium, de la Editorial Karger, en un estudio de Altura-Altura puede leerse: “A comienzos de siglo, en USA se ingerían alrededor de 450 miligramos/día de magnesio.  Los datos más recientes indican que esos valores son mucho más bajos.  Varios estudios señalan que en el presente, en el mundo occidental ingerimos alrededor de 224-300 miligramos/día.  Aunque se considera que las cantidades necesarias son de unos 325 miligramos, nuestras dietas con altos contenidos de calcio y fosfatos demandan una ingesta mucho mayor, probablemente unos 500-600 miligramos/día.

 

En otro estudio firmado por el Dr. Altura, que apareció meses después en la misma revista, dice: “La ración de magnesio en la dieta ha mantenido un sostenido declive en el mundo occidental, donde muchos individuos están bordeando una verdadera deficiencia, y esta deficiencia de magnesio en la dieta está asociada con las altas incidencias de muertes repentinas, enfermedades coronarias, hipertensión, eclampsia y ataques cerebrales”.

 

En una editorial de la misma revista dedicada al estrés, sistema cardiovascular y magnesio se señala que “la frecuencia global de hipomagnesemia puede alcanzar hasta el 52 por ciento.  Las situaciones mayores de hipomagnesemia en los pacientes hospitalizados parecen darse en los estados de hipokalemia (falta de potasio) y en los pacientes admitidos en las unidades de cuidados intensivos.  La mayor parte de estos enfermos presentan anomalías cardiovasculares, pasando desde las arritmias cardiacas a la fibrilación auricular y a la hipertensión”.  Y sigue en la misma revista: “Este número doble de Magnesium, ha sido destinado a este tema y a reseñar las interrelaciones entre magnesio, estrés y sistema cardiovascular”.

 

Los individuos con una baja tasa de este elemento en su dieta, tienen un especial riesgo de problemas cardiacos.  Los alimentos ricos en magnesio como chocolate, almendras, y los mal llamados frutos secos, porque son semillas, como maní, nueces, avellanas y las legumbres como la soya, judías y salvado, tienen una cantidad de calcio quizá más de diez veces mayor que de magnesio, lo que dificulta la absorción de este último, pues hay una competencia por los transportadores con el calcio y el potasio.  Incluso en las plantas ocurre lo mismo; un abonado muy rico en potasio impide a tal punto la absorción del magnesio que las hojas, que solo necesitan un 3 por ciento del magnesio total del vegetal, no pueden ni siquiera formar clorofila.

 

Debido a la acción antagónica del calcio, potasio y quizá del fósforo, es por lo que necesitando unos 300-350 miligramos diarios de magnesio, hemos de ingerir entre 1 a dos gramos, pues sabemos que al menos la mitad del suministrado por los alimentos se pierde con las heces, la orina y la transpiración.

 

Tanto el magnesio, como el potasio, el sodio, el calcio y el hierro se absorben en forma iónica, y además no hay otro modo normal de tomarlos sino como compuestos iónicos, sean sales, óxidos o hidróxidos; por ello, cuando clasificamos los alimentos lo hacemos en: hidratos de carbono, grasas, proteínas, vitaminas y minerales.

 

El reparto desigual de las cargas eléctricas hace que el ion magnesio que tiene dos cargas positivas se rodee de una nube de moléculas de agua y las heces se vuelven más blandas.  Este hecho es aprovechado por muchas personas que por la mañana toman una cantidad mayor de la que van a absorber para conseguir heces más blandas y fáciles de expulsar, bien porque tienden a ser estreñidas o porque han tenido o tienen hemorroides y les interesa evacuar residuos más ligeros.

 

También encontramos con mucha frecuencia a personas con síntomas de espasmofilia (tendencia a tener espasmos), como calambres, hormigueos, párpados que laten, tics, dolores en la región precordial, extrasístoles, taquicardias, pesadillas o sobresaltos en la cama, que cuando explican a su médico que les han recomendado un suplemento de magnesio en la dieta, el médico le diga: “Cuidado, produce piedras”.

 

Y lo más tremendo y grave de ello es que la formación de cristales de oxalato cálcico (que se admite normalmente es el núcleo sobre el que se depositan después más oxalatos, fosfatos o urato calcio) tiene lugar precisamente cuando hay pocos iones de magnesio en la orina.

 

Para disolver y evitar la formación de cálculos de oxalato cálcico en personas que los han tenido, suelen darse cantidades de 300 miligramos o más de ion magnesio diariamente como suplemento, según se puede encontrar en el Acta Médica Scandinavica (suplemento No 661), titulado “The Magnesium ion-Clinical Aspects”, cuyos estudios se publicaron en el Congreso Anual de la Sociedad de Ciencias Médicas celebrado en Estocolmo en diciembre de 1981.

 

Los médicos suecos indican que el magnesio puede darse en forma de sulfato, cloruro, óxido, hidróxido, etc.  Los médicos franceses dan acetato, y en el Simposio de Baden-Baden hubo quien recomendaba el carbonato o el hidróxido.

 

Resumiendo, los especialistas y expertos en el tema recomiendan complementar la dieta con un suplemento de cualquier compuesto iónico – no en forma orgánica – magnesiano.

 

Se debe señalar que el sulfato y el cloruro son los más laxantes, y que las personas que han tomado corticoides o les han hecho infiltraciones a veces tienen tendencia a retener sodio y cloruros, y a ellas se les recomienda que lo tomen como carbonato, óxido o lactato.

 

A veces, las personas preguntan si se debe tomar este suplemento todo el tiempo.  La respuesta es sí, a menos que se coma mucho chocolate amargo y almendras.  Y tengan en cuenta que estamos hablando de cantidades mínimas, pues aparte de las cantidades que recomiendan los médicos franceses y suecos, que son entre 300 y 360 miligramos de magnesio, les voy a transcribir algún estudio más.

 

En la revista Magnesium, número 3 de 1984, hay un estudio de L. Cohen, A. Lahor y R. Kitzes del Lady Davis Carmel Hospital del Hospital de Haifa (Israel), en el que se explica que 8 jóvenes pacientes con hipertensión fueron tratados con 750 miligramos de óxido de magnesio diariamente (esta cantidad aporta 450 miligramos de ion magnesio).  Tenían lesiones en los vasos de la retina debidas a espasmos en los mismos. Después de tres meses de tratamiento, se observaron mejorías que suponían cambios reversibles en los vasos (en ocasiones se creen que ciertas lesiones vasculares son irreversibles).

 

En 1988, Leo Gallard presentó una investigación sobre enfermedades inflamatorias del intestino en la misma revista cuyo resumen transcribimos:

 

Keywords: Magnesium deficiency. Crohn’s disease-Ulcerative colitis.  La deficiencia de magnesio es una complicación frecuente en la enfermedad inflamatoria intestinal, demostrada en 88 por ciento de los pacientes (estudiados 13).  La disminución de la ingesta oral, la mala absorción y el incremento de las pérdidas intestinales, son las causas principales de la deficiencia de este elemento.  Las complicaciones de la misma incluyen: calambres, dolores en el esqueleto, crisis agudas de tetania, fatiga, depresión, anormalidades cardiacas, urolitiasis, dificultad en las curaciones y desórdenes en la motilidad del colon.  La excreción de magnesio en 24 horas es un índice interesante que debe ser controlado periódicamente.  Los requerimientos parenterales en pacientes con IBD (Inflamatory Bowel Disease) son al menos de 120 miligramos/día o más, dependiendo de las pérdidas fecales.  Los requerimientos por vía oral pueden ser tan grandes como de 700 miligramos/día, dependiendo de la severidad de la mala absorción.

 

Es decir, con pérdidas mayores de las normales por mala absorción intestinal llegan a dar suplementos de 700 miligramos/día de ion Magnesio, ya que calculan además que con problemas intestinales no se toman los alimentos más ricos en este elemento como son el chocolate, almendras, maní, nueces, avellanas y legumbres.

 

Como la síntesis de prótidos y casi todas las sustancias que fabrican los seres vivos se realizan en el interior celular, sabemos de la necesidad de la presencia de iones magnesio para que éstas tengan lugar.

 

Pero en la actualidad sucede algo especial con el magnesio.  Desde hace unos cincuenta años se están utilizando grandes cantidades de los llamados abonos químicos, algunos de los cuales, como la urea y el sulfato amónico, son sustancias de síntesis y, por lo tanto, casi químicamente puras, en sustitución del guano que era el abono, junto con el estiércol, que usaban las fincas en la fertilización de los suelos de labor.

 

Esta práctica de usar abonos nitrogenados, fosfatados y potásicos, en lugar del guano, los terrenos se han empobrecido en magnesio y en ciertos micro elementos, como yodo y otros.  Ya no hay un ciclo cerrado suelo-vegetales-animales-suelo; hemos introducido un elemento perturbador con el abonado que actualmente se recomienda corrientemente, y solo se devuelven al suelo parte de los nutrientes que el mismo nos da con las cosechas, y ha empobrecido y sigue empobreciendo en magnesio, yodo y otros micro elementos como pueden ser el cobre y el zinc.

 

Esta disminución en el suelo de ciertos minerales se traduce en una deficiencia de los mismos en los alimentos que tomamos y en los forrajes que se dan al ganado.

 

Este hecho, por estar separado de su campo de estudio, ha escapado al conocimiento de los médicos, nutricionistas y bioquímicos.  Y, sin embargo, es real, está ahí, y mientras no se modifique la composición del abonado que se recomienda a los agricultores, enriqueciéndolo en magnesio, yodo y otros micro nutrientes, habrá cada vez una mayor incidencia de artrosis, de trastornos nerviosos, de problemas de irritabilidad muscular, volviéndonos cada vez más vulnerables a las infecciones como gripes y resfriados, seguirán aumentando las personas que tienen litiasis renal y las arterias endurecidas...solo por eso, porque está faltando Magnesio en la dieta corriente de las personas.

 

Además, es curioso que cuando una persona tiene problemas de artrosis y ciertos tipos de artritismo -no ligados a trastornos de histocompatibilidad- sus trastornos tienen como causa fundamental un déficit de magnesio, y esto se puede comprobar porque se quejan de los síntomas que ocurren cuando existe carencia de este elemento en el organismo:  tristeza, depresión, llorar con facilidad, verlo todo “negro”, dolores de cabeza o nuca, inseguridad al andar, agotamiento mental, cansancio al despertarse, opresión de pecho, taquicardias, dolores y pinchazos en la región precordial, flatulencias, malas digestiones, sensación de sentirse como inflado después de las comidas..., otros tienen o han tenido cálculos o arenillas en los riñones, caídas de cabellos, uñas que se exfolian, claustrofobia o vértigos.

 

Alimentos ricos en Magnesio

Aproximadamente, en este orden son: el cacao, las almendras, los frejoles y la harina de soya, las avellanas, nueces, piñones, cereales completos, dátiles, higos y las legumbres.

 

Como normalmente no vamos a recomendar a la gente que coma mucho cacao o muchas almendras, y la soya hay que ingerirla con moderación, sencillamente para compensar la deficiencia de Magnesio, debemos tomar compuestos de este mineral.  En una deficiencia severa del mismo, se recomienda la ingestión de tres gramos al día de cloruro de magnesio cristalizado, repartidos en dos o tres tomas con las comidas.

 

Si una persona tiene acidez de estómago, entonces se sustituye el cloruro por el carbonato y la dosis entonces es de dos gramos diarios repartidos, también, a lo largo del día en dos o tres tomas.

 

Hemos comprobado en personas con problemas de cálculos renales o arenillas, que cualquier compuesto de magnesio de los citados logra deshacer los cálculos de oxalato y fosfato cálcicos.  Lo que sí puede suceder, es que si éstos son grandes, al disminuir su tamaño se muevan y al llegar a un sitio tan estrecho como el uréter, provoque el “ataque de piedra” pero, ¡ojo!, no porque el Magnesio haya dado origen a estos depósitos, sino porque los ha disuelto y al disminuir su tamaño se han empezado a eliminar.

 

Ahora bien, cuando una persona tiene una infección renal -no en la vejiga sino en el riñón-, conviene curarla antes de empezar a tomar Magnesio, pues hay bacterias que pueden descomponer la urea con formación de amoniaco, y éste con el Magnesio, podría formar cálculos de fosfato-amónico-magnésico.  Esta posibilidad es rara, pero si se presenta una infección de riñón, es preferible esperar a que se cure para empezar a tomar magnesio.

 

En cambio, en la cistitis, el tratamiento ideal es la recomendación de sales magnésicas, que se pueden acompañar con tisanas de tomillo y orégano.

 

 

 

 

 

La Dra. Ana María Lajusticia es licenciada en Ciencias Químicas en la Universidad de Madrid y ha realizado estudios sobre agricultura y alimentación animal. Ha publicado artículos sobre estos temas en diversas revistas especializadas. Desde principios de los años 70 se dedicó al estudio de la Dietética basada en la Bioquímica y la Biología Molecular.  Ha escrito 10 libros, dos de los cuales han sido traducidos al francés, alemán, holandés y portugués.  En la actualidad la Dra. La Justicia tiene 92 años, el año pasado publicó el libro “La muerte súbita”, y sigue dando conferencias sobre diversos temas de salud, en especial sobre el papel del magnesio en la bioquímica del cuerpo humano.

 

 

NOTA EDITORIAL

A propósito de este artículo, el Dr. Pérez-Albela nos relató que en la época que realizaba su internado médico en el Hospital Hipólito Unanue, la Dra. Lajusticia le envió su libro “Los problemas del adulto”, en el cual mencionaba varios estudios publicados en la revista Magnesium, (revista trimestral científica), y ella misma lo contactó indirectamente con el Dr. Burton Altura (premio “Hipócrates de Oro” por sus investigaciones sobre el magnesio).  Curiosamente, luego de dos décadas, el Dr. Altura invitó al Dr. Pérez Albela a incorporarse a su equipo de investigación médica, al cual pertenece actualmente.

 

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